Fecha de publicación: 19/04/02 - Redactado por Instituto Médico Tecnológico
El aparato urinario está formado por
dos riñones, dos tubos que van desde los riñones hasta
la vejiga y se llaman ureteres, la vejiga y la uretra (tubo que va desde
la vejiga hasta el exterior del cuerpo.
Como lo indica su nombre se trata de piedras que
se encuentran en los riñones. Se considera que 10 de cada 100
personas tendrán alguna piedra en sus riñones al menos
una vez en su vida. Aproximadamente 30 de cada 100 pacientes con piedras
en los riñones tendrán que ser ingresados en un hospital
al menos durante unas horas para poder controlar el dolor que muchas
veces es muy intenso. Las piedras de por sí no duelen. El dolor
se produce si la piedra causa obstrucción al paso de la orina
(litiasis obstructiva). Los síntomas son: dolor en la espalda,
a un lado de la columna y debajo de las costillas (cólico renal).
El dolor se corre hacia delante y llega hasta la ingle. Es muy poco
frecuente que el dolor se presente en los dos lados al mismo tiempo.
En ocasiones, las personas tienen dolor en la columna y piensa que lo
que le duele es el riñón, el médico debe realizar
el diagnóstico correcto. El dolor producido por litiasis urinaria
(piedras) se acompaña muchas veces de nauseas y vómitos,
sangre en la orina, muchos deseos de orinar o quemazón cuando
pasa la orina por la uretra. Es frecuente que la persona con piedras
urinarias tenga otros familiares afectados con el mismo problema. Para
realizar el diagnóstico el urólogo realizara una radiografía
simple y una ecografía. Si la piedra es de ácido úrico
no se verá en la radiografía simple, pero si se verá
en la ecografía o en el escáner (tomografía computarizada).
La ecografía servirá además para detectar la presencia
de obstrucción urinaria (dilatación). Si hay obstrucción
probablemente el urólogo realizará una urografía
endovenosa (UIV) que consiste en la inyección de un líquido
de contraste en una vena del brazo que se elimina por los riñones
y permite que se visualizen los conductos externos del riñón
(cálices, pelvis renal, ureter).
Si la piedra se expulsa es importante conservarla
para estudiar cuál es su composición lo que puede ayudar
a elegir el tratamiento correcto para evitar que se haga otra piedra
del mismo tipo. Entre 70 y 80 de cada 100 piedras son eliminadas espontáneamente
con la orina en las 48 horas siguientes al comienzo del dolor (cólico).
Actualmente, la gran mayoría de las piedras
que no se eliminan solas se pueden romper en trozos pequeños
con una máquina llamada litotricia externa por ondas de choque
(LEOC). Generalmente esta litotricia se realiza con anestesia raquídea
aunque en algunos sitios lo realizan sin necesidad de anestesia. Algunos
pacientes que presenten obstrucción necesitarán la colocación
de un tubo (catéter) que va desde el riñón a la
vejiga para permitir la salida de la orina. En algunos casos la piedra
se puede eliminar con un aparato metálico llamado uereteroscópio
que se introduce en el uréter, a través de la uretra y
por el que se pasa un dispositivo llamado litotritor que rompe la piedra
en el sitio en que se encuentra. En menos de 5 de cada 100 casos es
necesario realizar una cirugía abierta para el tratamiento de
una piedra urinaria.
Cerca de la mitad de los pacientes que han tenido
una piedra, desarrollarán otra en 5-10 años.
¿Qué puede hacer usted para reducir la
posibilidad de tener otra piedra?