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Fecha de publicación: 19/04/02 - Redactado por Instituto Médico Tecnológico
Introducción
El cáncer de próstata (CP) constituye actualmente
el cáncer más frecuente en los hombres adultos, y la segunda
causa de muerte por cáncer entre los mismos. Estudios necrópsicos
han llegado a determinar que la posibilidad de que todos los hombres
tendrían focos microscópicos de CP en su próstata
a la edad de 100 años, lo que da una idea por un lado la elevadísima
incidencia de este tumor y por otro permite atisbar que no todos los
CP van a ser la causa de muerte del que lo sufra.
La posibilidad del diagnóstico
precoz de este tumor es sin lugar a dudas, y como en otro tipo de tumores
como el cáncer de mama o de cérvix en las mujeres, una
más que atractiva posibilidad para el sistema sanitario y aún
más para el paciente, pues las posibilidades de curación
son muchas más cuando la enfermedad se diagnostica en sus etapas
más precoces. Las herramientas que se dispongan para una campaña
de detección precoz a nivel de la población general han
de cumplir criterios de alta sensibilidad y especificidad, a la vez
que han de ser asumibles desde el punto de vista económico y
asistencial. Estos conceptos han sido y siguen siendo argumentados a
favor y en contra de las campañas de detección precoz
o screening de cualquier tumor, y el CP es un claro ejemplo de ello.
Pero en las controversias que estas
campañas suscitan, nunca hay que olvidar que el último
beneficiario del diagnóstico precoz en CP será el paciente
al que se le detecte un CP en etapas precoces y se le pueda ofertar
una tratamiento curativo. Es muy probable que dicho paciente sea ajeno
a toda la discusión que se pueda plantear en este informe; sin
embargo, será un paciente con muchas probabilidades de haber
sido curado del CP al que no le importarán el resto de argumentos
que se relatarán a continuación.
Epidemiología descriptiva en el cáncer de próstata
Los estudios basados en necropsias
permiten diferenciar desde el punto de vista epidemiológico la
incidencia de CP latente o indolente respecto a la incidencia del CP
en los estudios institucionales basados en los registros de tumores.
Existen multitud de estos estudios, que cifran la aparición de
CP latente entre el 29 y 31 % de las necropsias en hombres. Entre 1
y 3% de esos CP latentes se cifran los pacientes a los que se llegará
al diagnóstico por la sintomatología provocada por el
tumor. Además, la incidencia del CP latente aumenta con la edad;
en varones de 50 años, dicha tasa es del 15-30%, mientras que
en varones mayores de 80 años aumenta al 60-70%. Por lo tanto
conviene reseñar desde el principio las diferencias epidemiológicas,
biológicas y de comportamiento entre los CP latentes y los que
dan clínica. Si bien la incidencia de CP es la misma independientemente
de hábitat, hábito alimentario, raza etc, la incidencia
de CP sintomatológico sí que ofrece diferencias, pues
ha quedado claro que la mayor incidencia del mismo se da en las sociedades
occidentales frente a las orientales.
La aparición del antígeno
prostático específico (PSA) ha supuesto un espectacular
aumento en la detección de CP. En estudios europeos previos,
se ha señalado que las tasas estandarizadas según la población
mundial más altas se dan en Suiza y países nórdicos,
sitúandose nuestro país en el grupo medio-bajo según
este parámetro. Pese a ello, el diagnóstico de nuevos
casos de CP en nuestro país sigue un incremento espectacular
en los últimos años, que se cifra en un 3 % anual, debido
al mayor control sanitario de la población y a la mayor esperanza
de vida, cercana actualmente a los 80 años. En nuestro país,
según datos de la Semana de la Salud Prostática, 1´5
millones de varones entre 50 y 70 años padece un CP, pero tan
solo un 10 % tiene sintomatología.
Epidemiología analítica en el cáncer de
próstata
Los estudios epidemiológicos
analíticos que han intentado relacionar el CP con factores ambientales,
alimentarios y personales del enfermo no ofrecen, a grandes rasgos,
datos concluyentes. Así pues, la presencia de infecciones virales,
tipos de hábitos sexuales, ingesta de grasas y de vitamina A,
el antecedente de vasectomía, y la presencia de tóxicos
como el tabaco o el cadmio ofrecen datos controvertidos en la literatura
mundial en cuanto a su papel como inductores del CP. Tan solo la presencia
del factor hereditario parece jugar un papel importante en su etiopatogenia,
pues hasta un 9% de estos tumores tienen antecedentes familiares de
este tumor. Además, un varón con dos o más familiares
de primer grado con CP tiene 5-10 veces más riesgo de padecerlo.
Ello conlleva que cuando existe ese antecedente, la edad del screening
se recomiende adelantar de los 50 a los 40 años.
Historia natural del
cáncer de próstata
La dependencia hormonal de la glándula prostática
para su desarrollo y crecimiento son responsables tanto la hipertrofia
benigna de la glándula como el CP. El eje
hipotálamo-adenohipófisis-testículo, mediante el GnRH-LH/FSH-Testosterona
respectivamente, es pues elemento es fundamental para la homeostasis
prostática y a la vez diana del tratamiento del CP, como posteriormente se
comentará. Junto al eje hormonal, el otro factor determinante en el
desarrollo y creciente incidencia del CP es la edad, como se ha comentado previamente.
Un factor importante para el screening
de CP es el tiempo de doblaje del tumor. Siguiendo los valores del PSA
como marcador de la enfermedad, hasta el 80 % de los CP tienen un tiempo
de doblaje superior a 2 años, pero los que lo tienen inferior
suelen ser estadios más avanzados de la enfermedad. De ello se
deduce el margen diagnóstico y terapéutico que ofrece
este tumor y la necesidad de encontrar otros factores pronósticos
biológicos y moleculares que nos permitan prever la evolución
de cada caso.
La historia natural del CP es difícil
de estudiar por las siguientes razones; 1) las series de seguimiento
estricto son éticamente cuestionables y en cualquier caso inician
el tratamiento cuando el tumor da sintomatología, alterando de
alguna forma su evolución, 2) muchos de los casos "simplemente
observados" se han diagnosticado tras cirugía desobstructiva
por obstrucción infravesical, pudiendo haber extirpado o alterado
el foco de CP, 3) dada la lenta evolución de algunos CP, las
series tendrían que tener seguimientos medios mínimos
de 15 años y 4) se ha de analizar minuciosamente la comparabilidad
y randomización de las series estudiadas a este fin para que
sus resultados puedan ser fiables, pues muchas de ellas no cumplen los
requisitos estadísticos a tal fin al incluir solo pacientes con
CP de buen pronóstico biológico por bajo grado y estadio
tumorales.
Pese a los déficits epidemiológicos
de los estudios publicados, se pueden extraer algunas conclusiones respecto
a la historia natural del CP:
a. con
seguimientos meticulosos, el 50 % de los casos presentan progresión
de la enfermedad a los 7 años de seguimiento
b. a
los 10 años de seguimiento existe un incremento notable del riesgo
de padecer metástasis
c. se
necesitan estudios bien formulados estadísticamente y con un
seguimiento mayor a 15 años para poder establecer diferencias
en cuanto a mejoría de la supervivencia cáncer específica
entre los grupos tratados y no tratados (actualmente en marcha)
d. existe
la tendencia a señalar que el riesgo a morir de CP en pacientes
mayores de 70 años con tumores de bajo grado y estadio es solo
del 10 %, y por ende parece lógico parece lógico pensar
que la actitud expectante pueda ser adoptada en este subgrupo.
Papel de los marcadores
biológicos en el cáncer de próstata
Actualmente solo se debe plantear
como marcador biológico del CP al PSA, pues ofrece unas cifras de
sensibilidad y especificidad al resto de marcadores en este tumor. El PSA
es una proteína cuya función es licuar el semen y que es específicamente
producido por las células secretoras de la próstata. Su mayor problema
radica en su baja especificidad, pues el epitelio benigno también lo
produce. Ello le otorga un valor predictivo positivo para el CP entre el
33 y 47 %, a pesar de que su valor predictivo negativo es muy alto (90 –
98 %). Ello supone que dentro los valores de "normalidad", tasados en PSA
< 4ng/ml no sean absolutos. Hasta 23 % de los pacientes con hipertrofia
benigna de próstata tienen un PSA > 4 ng/ml y existe una serie de
diagnóstico precoz de cáncer de próstata que observa que hasta el 43 % de
CP tienen un PSA < 4ng/ml (cifra que nos
parece un tanto extrema).
Con el objetivo de mejorar las tasas
de detección del CP según los valores del PSA se han investigado
distintos parámetros matemáticos en relación al
mismo. Con ello se persigue acotar las indicaciones de biopsia prostática
a aquellos pacientes en los que la probabilidad de desarrollar un cáncer
de próstata es mayor. Aunque estos "cálculos del
PSA" no son necesarios para el programa de detección precoz
del CP, sí que son muy útiles en el seguimiento de los
pacientes en los que existe un riesgo intermedio de padecer cáncer
de próstata, es decir, aquellos que debido a un tacto rectal
sospechoso o valores de PSA entre 4 y 10 ng/ml y en los que la primera
biopsia ha sido negativa para CP, pero a los que no se les puede descartar
como candidatos a padecerlo.
a. Densidad del
PSA: relación del volumen prostático
medido por ecografía con el PSA.. La densidad de PSA de los CP
es mayor que la de la hipertrofia prostática benigna
b. Velocidad del
PSA: incremento del PSA en relación
al tiempo. El incremento en las cifras de PSA es mayor en los casos
de CP
c. PSA según
rangos de edad: establece según
décadas unos valores de referencia de PSA distintos. Así
se considera normal para varones entre 40-49 años un PSA <
2.5 ng/ml, para 50-59 años < 3.5 ng/ml, 60-69 años
< 4.5 ng/ml y para mayores de 70 años < 6.5 ng/ml. Por
lo tanto, un PSA de 2.5 ng/ml indicaría la necesidad de hacer
una biopsia a un varón de 47 años, mientras que en un
varón de 68 podríamos posponer la decisión a un
nuevo control a los 6 meses.
d. Formas moleculares
del PSA: mediante técnicas
de laboratorio, se consigue discernir las distintas formas de presentación
del PSA en sangre periférica, de tal forma que la presencia de
un PSA conjugado a proteínas es proporcionalmente mayor en los
pacientes con CP, mientras que el PSA libre o no unido a proteínas
lo es en hipertrofia benigna de próstata.
Por lo comentado, es conveniente
en el contexto de un programa de detección precoz de CP, que
recordemos las recomendaciones de la Organización Mundial de
la Salud (OMS) en cuanto a la determinación del PSA.
1. Solicitarlo
en varones con expectativa de vida mayor a los 10 años
2. La
consecuente necesidad de biopsia en caso de PSA alterado ha de ser discutida
previamente con el paciente
3. Los
distintos cálculos del PSA sirven de orientación al urólogo
para la decisión entre biopsia o seguimiento en caso de una primera
biopsia negativa para CP
Por lo tanto, e independientemente
de la posible justificación del programa de diagnóstico
precoz del CP y dado la falta de resultados en cuanto a que dicho programa
conlleve una disminución de la mortalidad cáncer específica
por dicho tumor, el PSA es el único marcador biológico
que permite elevar la tasa de detección del CP.
Bases conceptuales del
diagnóstico precoz en cáncer de próstata
La OMS define el screening
como la identificación presunta de enfermedades mediante la utilización de
pruebas que puedan aplicarse fácilmente y permitan distinguir las personas
aparentemente sanas que probablemente padezcan una enfermedad de las que
no probablemente no la padezcan, para que aquellas puedan obtener el
diagnóstico y tratamientos necesarios.
A los programas de screening se les
debe pedir que mejore la tasa de detección precoz, la supervivencia
y la mortalidad por la enfermedad. El screening de cáncer de
próstata cumple con creces el primer objetivo; los otros dos
están en estudio en distintas poblaciones del mundo. Existen
controversias, como por ejemplo la de que el aumento de supervivencia
que el programa de detección conlleve se deba a un sesgo por
adelantarse en el tiempo ("lead-time bias") o lo que es lo
mismo ganar años con enfermedad diagnosticada/tratada pero no
ganar años por enfermedad tratada.
El CP es una enfermedad atractiva
para realizar un programa de screening; supone una importante causa
de mortalidad, tiene un largo periodo de evolución, se puede
detectar en fases asintomáticas, el PSA y el tacto rectal son
inócuos y útiles para su detección precoz y su
tratamiento precoz tiene un excelente pronóstico. En contra de
la realización de este programa se esgrime la alta tasa de CP
latente y el desconocimiento actual de la verdadera historia natural
del CP.
La mayoría de autores abogan
que los programas para detección precoz del CP han de combinar
la realización de un tacto rectal mediante un urólogo
y la determinación en sangre periférica del PSA. La ecografía
transrrectal es muy controvertida como técnica de screening,
por la ausencia de un patrón ecográfico patognomónico
y por diagnosticar pocos casos más cuando el tacto y el PSA son
negativos. En la literatura mundial, existen gran cantidad de casuística
al respecto del valor del PSA y el tacto rectal en el screening del
cáncer de próstata, pero es evidente que un tacto rectal
sospechoso incrementa sustanciosamente el valor predictivo positivo
de un PSA alterado. A continuación se esquematizan las distintas
tasas que e tacto rectal y el PSA por separado ofrecen en programas
de screening publicados:
|
|
Sensibilidad
|
Especificidad
|
Valor predictivo postitivo
|
Tasa detección
|
|
Tacto rectal
|
69-89%
|
84-98%
|
26-35%
|
1,3-1,7%
|
|
PSA
|
57-79%
|
59-68%
|
40-49%
|
2,2-2,6%
|
Las tasas de detección en
diversos programas de screning de CP en varones sanos oscilan entre
1,8 y 5 % mediante la realización de tacto rectal y PSA combinados.
Evidentemente dichas tasas se incrementan en estudios de varones sintomáticos.
En un estudio realizado entre 1091 varones mayores de 49 años
de Getafe (Madrid), se obtuvo una tasa de detección algo menor
(1,008 %), necesitando biopsias el 8,8 % de la población estudiada
y una media de 8,8 biopsias para la detección del CP. El PSA
de forma aislada hubiera demostrado el 90,9 % de los CP, mientras que
el tacto rectal el 72,7 %; cuando ambos métodos fueron combinados
se incrementó por tanto un 37,5 % la detección del CP
respecto a si se hubieran hecho aisladamente ambas pruebas.
Diagnóstico y tratamiento en el cáncer de próstata
El diagnóstico en el cáncer
de próstata, al igual que en el resto de tumores sólidos
del organismo y por motivos éticos y legales, ha de ser histológico.
No se puede instaurar ningún tratamiento bajo la sospecha clínica
de padecerlo, por muy alta que sea. Los programas de screening en CP
(generalmente con tacto rectal y PSA) conllevan la aceptación
previa por el paciente de que en caso de que alguno o los dos parámetros
sean orientativos de CP deberá realizarse biopsia prostática.
En general la biopsia se realiza por vía transrrectal bajo anestesia
local de la mucosa del recto. Se recomienda que sea dirigida por ecografía
transrrectal, por sus mejores resultados. Además, y teniendo
en cuenta la anatomía prostática, la biopsia debe ser
sextante, es decir, se realizarán un mínimo de 3 biopsias
de cada lóbulo prostático, sumando biosias extras en nódulos
sospechosos al tacto o a la ecografía.
Por otro lado, y de forma resumida,
se exponen los tratamientos posibles para el CP. En este apartado se
diferencian aquellas terapias que se aplican con intención curativa
y que son las que habitualmente son utilizadas en los pacientes detectados
por programas de detección precoz. La primera es la Prostatectomía
Radical, intervención quirúrgica que consiste en la extirpación
completa de la glándula prostática, las vesículas
seminales y de las cadenas ganglionares obturatrices, primer escalón
del drenaje linfático de este tumor. La segunda terapia curativa
es la Radioterapia Radical, que consiste en la irradiación selectiva
de las zonas comentadas. La Braquiterapia o radioterapia intesticial
se debe considerar aún en fase de investigación. Las terapias
con intención paliativa son en primer lugar el bloqueo hormonal
androgénico, que consiste en la castración médica
(mediante fármacos) o quirúrgica para evitar el crecimiento
hormono-dependiente del tumor. Pese a ser un excelente tratamiento desde
el punto de vista sintomático, su principal fallo es que las
células tumorales se hacen resistentes a este tratamiento en
un tiempo medio de 2 años. La radioterapia y la cirugía
endoscópica desobstructivan con intención paliativa también
tienen su papel en el manejo de la enferemedad metastática o
localmente extendida respectivamente.
Conclusiones
El desarrollo de las campañas
de screening o detección precoz en el CP es un atractivo tema
desde el punto de vista sanitario. Sin embargo, y hasta la finalización
de estudios prospectivos y randomizados (Nacional Cancer Institute)
seguirá siendo un tema en controversia. Desde el punto de vista
socio-sanitario, sus defensores alegan que la detección mediante
tacto rectal y PSA del CP en varones asintomáticos con una expectativa
de vida superior a los 10 años de vida puede decrecer las tasas
de mortalidad al detectar los tumores en etapas tempranas de su desarrollo.
Sus detractores se cuestionan este aumento de supervivencia, alegando
la detección de CP latentes en en estos programas y su coste
económico.
Para concluir, y volviendo a la introducción,
es difícil que las críticas a los programas de screening en CP sean
entendibles por el paciente al que se le diagnostique precozmente un
CP y se le puedan ofertar tratamientos curativos. Por otro lado, y dada
la idiosincrasia del paciente oncológico en nuestro país, es igualmente
difícil que un paciente sabedor de que tienen un cáncer en su organismo,
acepte un seguimiento hasta que éste de síntomas, sobre todo cuando
ante sus preguntas de cómo va a evolucionar, en qué tiempo y con que
sintomatología no pueden ser respondidas fehacientemente por parte del
urólogo, debido al déficit de marcadores clínicos, biológicos o moleculares
lo suficientemente específicos para poder responder a esas preguntas.
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