Fecha de publicación: 19/04/02 - Redactado por Instituto Médico Tecnológico
La hemodiálisis
y la diálisis
peritoneal son tratamientos dirigidos a sustituir la función
de los riñones que han dejado de funcionar. Estos tratamientos
le permiten a usted vivir más tiempo y sentirse mejor, pero no
son una cura de la insuficiencia renal terminal. Mientras que en la
actualidad los pacientes con insuficiencia renal terminal viven más
tiempo que nunca, a lo largo de los años se pueden presentar
problemas severos. Los más frecuentes son: tensión arterial
alta, anemia, trastornos en los huesos y lesiones de los nervios.
El trasplante de riñón es un procedimiento
que consiste en colocar en el cuerpo un riñón sano proveniente
de otra persona (familiar o un donante cadáver). Este riñón
único cumple con todo el trabajo que los dos riñones enfermos
no pueden hacer.
El cirujano colocará el riñón
en el cuerpo del paciente cosiendo la arteria y la vena del riñón
a una arteria y una vena del paciente (receptor) que generalmente es
la arteria y vena ilíaca externa. La sangre pasa a través
del nuevo riñón y produce la orina al igual que en los
riñones sanos. El nuevo riñón podría comenzar
a funcionar inmediatamente o podría tardar varias semanas en
comenzar a producir orina. Los riñones del paciente se dejan
en su lugar a menos que causen infección o aumento de la tensión
arterial.
Para la realización del trasplante se busca
que el riñón sea lo más compatible posible que
la persona que lo va a recibir para intentar evitar el rechazo del nuevo
órgano.
El tiempo que se tarda en encontrar un riñón
varía por lo que se deben anotar los receptores en una lista
de espera hasta que se encuentre el riñón que sea más
compatible para él. La operación lleva entre 2 y 4 horas,
dependiendo de la complejidad del caso y del estado de las arterias
y las venas del paciente que lo va a recibir. Siempre existe la posibilidad
que el receptor rechace el riñón trasplantado, por lo
que se deben administrar durante toda la vida medicamentos (inmunosupresores)
para frenar la reacción del sistema inmunitario. En ocasiones
estos medicamentos no evitan que el organismo rechace el riñón
por lo que se debe retirar y el paciente debe volver a realizar algún
tipo de diálisis hasta que se pueda realizar otro trasplante.
Las complicaciones del tratamiento inmunosupresor es que al frenar el
sistema inmunitario del individuo pueden condicionar la aparición
de infecciones. Algunos de estos medicamentos pueden producir cataratas,
acidez gástrica y trastornos de la articulación de la
cadera, además pueden dañar el hígado o el riñón.
Preguntas que le pueden
surgir durante la diálisis
peritoneal: