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Hematuria.
Hay que considerarla tumoral "hasta que se demuestre lo contrario",
pues la presentan el 30 % de los tumores renales, el 60 % de los
de vías y el 84 % de los vesicales. Tan solo existen dos
situaciones en las que se puede obviar el algoritmo diagnóstico
de la hematuria, que son cuando una microhematuria acompaña
a una infección de orina o a un cólico renal. Por
lo tanto la clínica y el sedimento se sitúan al
inicio del algoritmo de estudio de una hematuria, que se sigue
con ecografía reno-vesical, urografía, citología
urinaria seriada y la posibilidad de dismorfia eritrocitaria.
Masas.
Una masa testicular se ha de estudiar siempre con sedimento y
ecografía testicular. Una masa hipogástrica requiere
descartar globo vesical, tacto bimanual y ecografía. Una
masa lumbo-abdominal requiere ecografía y sedimento.
Síndrome miccional.
Sospecharemos de un cáncer de próstata si su instauración
es rápida y paralela a dolores óseos o bien si se
acompaña de un tacto rectal sospechoso. Sospecharemos de
un cáncer de vejiga infiltrante. ante la presencia de infecciones
de repetición con gérmenes no habituales y de un
carcinoma in situ de vejiga si es de predominio irritativo y los
cultivos son negativos.
Aumento del PSA.
En primer lugar conviene asegurar
que la cifra de PSA no esté falsamente elevada por la presencia
de infección
de orina (tirita reactiva +/- sedimento), o situaciones que
puedan artefactuarlo (ciclismo, eyaculación < 24 h,
manipulaciones urológicas recientes, etc). Es obligado
realizar un tacto rectal, pues el valor predictivo positivo de
ambas pruebas juntas es mucho mayor. Conviene recordar que si
bien los valores de referencia clásicos (normalidad <
4 ng/ml) son útiles como valor de corte, la producción
de PSA por el tejido prostático benigno (0.3 ng/ml por
gramo de tejido) supone que el 25 % de pacientes diagnosticados
de hipertrofia benigna de la próstata tienen un PSA >
4 ng/ml y un 5 % PSA > 10 ng/ml. Además hasta un 30
% de pacientes con cáncer de próstata tienen un
PSA < 4 ng/ml. En la actualidad, la determinación del
cociente entre las fórmulas moleculares del PSA (libre/total)
y el encasillamiento de los rangos de normalidad del PSA a distintas
décadas ahorran un número de biopsias innecesarias,
aunque se debe realizar un seguimiento exhaustivo a estos pacientes.
Lesiones peneanas.
No solo la presencia de las
formas exofítica o ulcerada típicas del cáncer
de pene han de poner en alerta al médico. La presencia
de infección por el virus del papiloma humano (condilomas)
en el paciente o en su pareja obliga a peniscopia tras la aplicación
de solución de acético al 5 %. La detección
de pápulas eritematosas o descamativas requieren biopsia
por poder tratarse de carcinoma in situ de pene.
Antecedentes familiares.
Hay que tenerlos muy presentes en el cáncer de próstata
y en el cáncer renal y no tanto en el resto de tumores
urológicos.
Riesgos laborales y sociales.
Este apartado cobra gran importancia en el cáncer transicional
(vejiga y vías), pues el hábito tabáquico
y el contacto con anilinas (pinturas, tintes, determinadas industrias,
etc) son dos factores etiológicos claramente demostrados
epidemiológica y experimentalmente. En el cáncer
de pene, la mala higiene, frecuente en ancianos, indigentes y
disminuidos psíquicos, es junto a la presencia de fimosis,
un factor predisponente. En el resto de tumores urológicos
no se han descrito factores etiológicos claramente consensuados
en la literatura.
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